En tus labios adivino
las palabras
que aún no has aprendido.
Oigo cómo tu sueño transparente
envuelve cual velo de cristal
mi opaco sueño
de madera.
Allí donde yo soy un horizonte
de muros y batallas,
tu eres un ala de nácar,
vela de blancas noches,
aire de pájaro.

¡Ve, ve, ve,
no vuelvas jamás!
¡Tal vez más allá
encuentres la bella playa
de coral,
la nave infinita,
el amor sin final!

¡Tal vez más allá
tus ojos brillantes
vean los caminos de oro
y las albas de plata!
Tal vez más allá…

Ve, ve, ve,
no vuelvas jamás…

 

 

Me ha quedado una hora enraizada
en el reloj del corazón,
nunca más daré bien las horas.
Atrasaré respecto al mundo
y nunca
llegaré a tiempo.

Tu irás siempre un paso
por delante
de mi.
La lluvia de ayer
me mojará hoy,
la sed de ayer
me consumirá mañana.
Y cuando cambien una dirección
en mi camino,
lo habré perdido todo.

 

 

En un rincón del muro
alguien escribió la palabra
FELICIDAD.

Letras rojas, faltas
de ortografía…
pero decía:
FELICIDAD.

 

 

Si tu quisieras venir
conmigo
allá donde duerme la nave
de la noche.
Si tu quisieras
desvelar los tesoros escondidos
tras los espejos
y con tus oscuros ojos
cerraras tras nosotros
la última puerta de retorno.
Si tu quisieras
caer eternamente
en el abismo
y no ser ya nunca más
un dolor silente
sino una lluvia de amor,
lenta y encalmada.
Si tu quisieras venir
conmigo,
hallaríamos caminos de luz
sin lágrimas,
árboles sin mal,
cielos de remotísimas ramas.

Si tu quisieras.

 

 

Noche, noche…
¿Dónde se durmió el sueño?

 

 

         

FRAGMENTOS

Las palabras que aún no has aprendido