FRAGMENTOS

Fugitivo, en bosques de de piedra
me escondo.
Con periódicos que proclaman
mi delito
me abrigo.
Hora tras hora
me convierten en el rostro del mal.

Yo detengo los relojes
de la vida
y trafico con anhelos
de eternidad.
Soy pues un asesino de Tiempo.
Utilizo un instrumento
punzante:
Un amor sin apellidos
que atraviesa los cuerpos
como si fuesen mantequilla.

Ahora,
oculto en esta cabaña vacía,
oigo ya cercanos los ladridos
de los perros
y los gritos de los verdugos
que vienen a prenderme.
Ya no puedo correr más
encadenado como voy.

Me defenderé aquí
hasta el final.

 

 

 

Escucho en el viento de otoño
la salvaje claridad
de tu silencio.

Llueven en el desierto
pedazos de tu pensamiento.

 

 

 

He heredado un arca llena de silencio
que duerme a mi lado y no me atrevo a abrir.
Tuve que pasar muchas fatigas
para obtenerla.
Pruebas de pensamiento y de sentido,
de sueños futuristas y pretéritos.
Hube de renunciar y conseguir.
Matar excrecencias, recortarme dedos.
Apagar deseos, quemar desiertos.
Tirar mi paleta de colores
y pintar todos los días de gris.

He colgado en la sala del corazón
el pergamino donde escribiste tu legado.
Lo contemplo cada día un buen rato
y todavía me maravilla
la delicadeza del trazo, la elegancia
de la letra, la calidad del papel
que utilizaste para decirme que habías muerto
y me lo dejabas todo a mí.

 

 

Soy una vieja sala de cine que cierra las puertas.
En un tiempo, creé ilusiones en la oscuridad
como un rescate que pagaba
para liberarme del cielo prometido.
Navegando contra el muro
de la luz,
me llega un eclipse total de tiempo.

Rebobino un millón de vidas
por el desierto patio
de butacas.

 

 

Ultimo Refugio